Reportaje realizado por Marcela Fernández
para La Voz del Interior, Córdoba
Ginés González García
-presidente de la Fundación Isalud, ex ministro de Salud
de la Provincia de Buenos Aires durante el gobierno justicialista
de Antonio Cafiero y autor de numerosas publicaciones- no le teme
a la polémica. Ni tampoco a las ideas que se ubican a contramano
del pensamiento tradicional.
De visita en Córdoba para disertar en el Cuarto Congreso
Argentino de Salud, el sanitarista expuso la tesis, y la fundamentó
con cifras, de que la salud no es una consecuencia del desarrollo
de un país, sino un presupuesto previo para el crecimiento
de la economía. "Considerar al sector salud como improductivo
y no hacerlo parte del desarrollo económico ha sido una
especie de coartada de quienes manejan la economía para
justificar recortes en los presupuestos o en los aportes patronales
al sistema de servicios de salud", sostuvo.
-De modo que para usted la salud está primero.
-Es que hoy ya se ha demostrado claramente que la salud es un
motor fundamental en el crecimiento económico de los países.
Hace algún tiempo que al estudiar por qué algunos
países habían crecido más que otros, al margen
de los factores tradicionales como capital, tasa de ahorro, etcétera,
se comenzó a tener en cuenta lo que se llamó sucesivamente
"calidad de la población", "capital social"
o "capital sanitario". Y esto fue lo que explicó
por qué crecieron tan rápidamente algunos pequeños
países de Asia. Al margen de que está claro que
un pueblo sano tiene más productividad, trabaja y aprende
mejor, y tiene una mayor armonía social. De modo que ya
son muchos los economistas que superaron la vieja teoría
de que primero hay que crecer, y luego por goteo viene el derrame
para salud y educación.
-¿Cómo incide el sector salud en el desarrollo
de la Argentina?
-Sin ir más lejos, representa el ocho por ciento del Producto
Bruto Interno, y el 12 por ciento de la población económicamente
activa está empleada en el sector salud. Y, además,
es de una gran magnitud porque es replicante de empleo y de equidad,
en un momento en que el trabajo y la justicia social es lo que
más falta hoy en la sociedad argentina. Y es que invirtiendo
en salud se aporta a la justicia, porque esos fondos se aplican
a atender a los sectores más carenciados y enfermos, a
la vez que se genera más empleo.
-Entonces, ¿hoy sería más importante invertir
en salud que en educación?
-Sí, si bien está claro que salud y educación
son primos hermanos, no me cabe ninguna duda de que hoy la inversión
en salud sería mucho más equitativa, justa y amortiguadora
de las graves dificultades sociales que estamos viviendo. Además,
si el dinero se pone en salud, el efecto es inmediato, pero si
se lo pone en educación, hay que esperar años. Y
como hoy tenemos un incendio, hay que ser muy cuidadoso sobre
dónde se pone lo poco que tenemos. Porque si bien la sociedad
admite desigualdades, no tolera que haya "cuerpos de pobres"
y "cuerpos de ricos", y eso hoy está pasando.
-Pero lo que se advierte, lejos de una inversión en
salud por parte del Estado, es más bien un desfinanciamiento.
-Sí, no sólo que no se está tomando a esta
área como prioritaria y que no se la protege tal como se
hace con el sector automotriz, financiero o bancario, si no que
desde hace años se viene produciendo un desfinanciamiento.
Y esto se advierte claramente en las obras sociales.
-¿Cuánto perdió el sistema de salud?
-15 mil millones desde el '95 a la fecha. Y, aparte, aunque el
gasto en salud en los números más o menos se mantiene
(alrededor de 23 mil millones de pesos por año), el esquema
se hizo mucho más injusto, porque eso se logró disminuyendo
el gasto público y aumentando el gasto privado. Así,
hoy lo que sale de rentas generales y que va a financiar el sistema
público es sólo el 23 por ciento del gasto, mientras
que la gente aporta de su bolsillo el 45 por ciento (por ejemplo
en medicamentos, en prepagas).
Publicado en el diario La Voz del Interior, 14-08-01
