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Económicas y Epidemiológicas en Salud Mental |
Los nuevos cambios globales como el incremento de la pobreza, el
desempleo y la desintegración social, junto a la contaminación
son los factores con mayor impacto en la salud mental. Alrededor
de 500 millones de personas sufren cuadros neuróticos relacionados
con el estrés y con alteraciones psicosomáticas. Los
trastornos del ánimo, como la depresión, afectan a
200 millones de personas.
Este documento se pregunta hacia donde va la salud mental. No se
interroga sobre los modelos de atención prevalentes en salud
mental sino sobre las eventuales variaciones en la demanda de bienes
y servicios relacionados con ella.
En el área de la salud mental el encuentro entre los determinantes
sociales y los individuales de la enfermedad resulta más
crítico y difuso que en otras áreas. Los estudios
prospectivos indican que las demandas de utilización de servicios
de salud mental, tanto en las zonas rurales como en las urbanas,
crecerán a una tasa mayor que la de los servicios de medicina
general.
Esto repercutirá cada vez más sobre los gastos en
salud. El consumo de psicofármacos, en especial de antidepresivos,
se incrementa anualmente.
Los sistemas y servicios de salud deberán reaccionar rápido
a esta encrucijada, de demanda creciente y contención presupuestaria.
Tendencias epidemiológicas en salud mental
La salud mental suele resultar subconsiderada en los diagnósticos
epidemiológicos de la población. La realidad siempre
depende del cristal con que se mire. Los indicadores epidemiológicos
más utilizados para definir prioridades en salud en general
se centran en la mortalidad. Aunque las enfermedades mentales generan
muertes, estas últimas nunca son registradas como causadas
por patologías mentales.
Pero cuando los estudios apuntan no solo a la "cantidad"
sino también a la "calidad" de vida, las enfermedades
mentales pasan a ocupar las primeras posiciones. En un estudio de
la OMS sobre el futuro de la carga de morbilidad en el mundo, se
concluye que la depresión será la mayor causa de incapacidad
en los habitantes de países en desarrollo para 2020. Tres
cuartas partes de los afectados viven en los países en desarrollo
y que sólo el 1% consulta a especialistas y recibe tratamiento.
Más aún, se observa que una de cada cinco personas
tiene algún cuadro de salud mental durante el curso del año.
Asimismo, se sabe que la depresión es el cuarto factor de
discapacidad en el mundo y se proyecta que para el 2020 ocupará
el segundo lugar.
Los estudios prospectivos indican que las demandas de utilización
de servicios de salud mental, tanto en las zonas rurales como en
las urbanas, crecerán a una tasa mayor que la de los servicios
de medicina general. Asociado a ello, en todo el mundo se registra
de forma creciente el problema de la insuficiente cobertura de los
sistemas de salud frente a este problema emergente.
Por los motivos expuesto es muy baja la evidencia empírica
obtenida por estudios poblacionales sobre la incidencia y prevalencia
de patología mentales. En el cuadro 1 se presentan los datos
de prevalencia de enfermedades mentales en Estados Unidos de Norteamérica
para 1990. En ese entonces las enfermedades vinculadas a la ansiedad
resultaban las de mayor prevalencia seguidas de cerca por las depresiones.
Hoy en día las depresiones han crecido más y aun ritmo
mayor. Según el informe de la OIT coordinado por Gabriel
los problemas mentales están aumentando de manera alarmante
en Estados Unidos, donde el problema de la depresión clínica
se ha convertido en una de las enfermedades más comunes,
afectando anualmente a una décima parte de los adultos en
edad de trabajar y ocasionando una pérdida de unos 200 millones
de días de trabajo cada año.
Otra evidencia significativa, en ese mismo sentido, la aportó
el estudio coordinado por el Instituto de Psiquiatría de
la Universidad de San Pablo (USP), el cual reveló que el
17,8% de la población de clase media y media-alta paulista
sufren de depresión.

Patología Millones de habitantes
Ansiedad Incluye: FobiasPanicoObsesiones compulsivas 23.3
20.1
2.4
3.9
Depresión Incluye:Depresión maníaca 17.5
2.2
Fobia social 2.8
Esquizofrenia 2
Minusvalías cognitivas severas 5
Fuente: American Psiquiatric Association
Patologías emergentes
La depresión mayor es un trastorno multifactorial y está
influenciado por los numerosos factores de riesgo, incluidos la
edad, la situación socioeconómica, historia de abusos
sexuales en la adolescencia y los acontecimientos estresantes
de la vida diaria. El curso clínico y la presentación
tiende a diferir entre el hombre y la mujer.
Se la considera como una de las mayores "plagas sociales"
de esta época. No obstante, esto debe ser considerado con
cautela. No resulta claro si existe un verdadero brote epidémico
de depresión. En principio, habría que distinguir
la prevalencia de la incidencia en el análisis de la enfermedad.
Hoy la depresión afecta de forma homogénea a todos
los estratos sociales en casi todas las regiones. En las áreas
rurales y en las sociedades más tradicionales, hasta hace
pocos años, los mismos síntomas que hoy son claramente
percibidos como depresivos eran definidos como "mal de ojo",
"debilidad", etc...
Sin embargo, la depresión es un fenómeno fundamentalmente
urbano y, por lo tanto, es coherente que la misma aumente junto
a las tasas de urbanización. Paralelamente, podemos sospechar
que la globalización de la cultura expande las expectativas
e incorpora una serie de problemas relacionados con la depresión.
Uno de ellos es, por ejemplo, la fobia social que en la actualidad
afecta a cerca del 7,2% de la población general. Aunque
sólo en el 2,6% de los casos este trastorno interfiere
en la vida cotidiana. Para las personas que lo sufren, el hablar
en público y el conocer a nuevas personas resulta a menudo
una experiencia amedrentadora.
Otro vector del cambio radica en el hecho de que la población
tiende a envejecer en todo el mundo. La población mundial
mayor de 65 años es superior a los 360 millones y se estima
que llegará a 850 millones en el 2025. En algunos países
como Inglaterra casi el 40% de la población es anciana.
En sistemas de salud con una buena respuesta para los problemas
psiquiátricos y geriátricos aumenta progresivamente
la esperanza de vida de los maníaco depresivos ancianos.
Al mismo tiempo la incidencia de la depresión en la tercera
edad tiende a aumentar por una serie de razones psicológicas
como la pérdida de roles protagónicos y con ello
de identidad, las dificultades para adaptarse a un contexto de
grandes cambios, etc...
Pero además, la incidencia de la depresión aumenta
también en los jóvenes. Hoy hay muchos más
casos de depresión en niños y adolescentes. Por
un lado, debido a la detección precoz de esta patología.
Por otro, por que hay realmente una mayor incidencia y está
relacionada con factores macrosociales muy importantes. El principal
de ellos es la "anomia" ( de a: sin y nomos: normas)
que se puede definir como "el estado de animo del individuo
cuyas raíces morales se han roto, que ya no tiene normas
sino impulsos desconectados, que ya no tiene ningún sentido
de continuidad, de grupo, de integración". La anomia
es sin duda una gran plaga social de nuestros tiempos.
Otra investigación, que se consultó para el desarrollo
de nuestros estudios, realizó una encuesta a jóvenes
para detectar los temas que más les preocupan en relación
a su salud. El 60,6% mencionó a la depresión y lo
hicieron mucho más las mujeres (68,8%) que los hombres
(52,3%). Esto resulta coherente ya que la prevalencia de la depresión
mayor es dos veces superior en las mujeres que en los hombres.
Las hipótesis biologicistas, y psicosociales cada vez han
propuesto explicar el predominio de la depresión en el
tiempo de vida de la mujer.
Otras patologías emergentes son las nuevas adicciones y
las variaciones en los padrones de incidencia de adicciones tradicionales.
De hecho, entre las cambios mundiales más significativos
en cuanto a las adicciones se destaca una mayor participación
de las mujeres y una reducción en la edad promedio de los
nuevos adictos.
Pero además de las adicciones conocidas están las
nuevas patologías adictivas. La más relevante es
la catalogada como Desorden de Adicción a Internet (IAD,
en inglés). Se trata de los ciberadictos, aquellos que
no consiguen despegarse de las computadoras y hacen un uso irracional
e impulsivo de internet. Entre el tres y el seis por ciento de
los usuarios de la Red desarrolla algún de tipo IAD. Se
ha estimado que en nuestro país hay un millón de
internautas y que 60.000 son ciberadictos. En el mundo hay 250
millones de usuarios y se estima que unos 15 millones son adictos.
Otra señal epidemiológica alarmante es la alta incidencia
de cuadro de hiperactividad infantil y el consumo de fármacos
a ella asociado. En los Estados Unidos el consumo de metil fenidato,
una droga que sirve para calmar a los niños hiperactivos,
se incremento en 150% en chicos de entre 2 y 4 años. En
ese se ha estimado en 3 millones de menores a los consumidores
regulares de la droga. En la Argentina, se estima que entre el
3 y el 5% de la población escolar padece la enfermedad,
pero no existen datos sobre la cantidad de infantes medicados.
Desocupación y stress
Una causa externa que ayuda a la propagación de los cuadros
depresivos es la desocupación. En un 5% de los casos (que
son las ocupaciones insalubres) la condición de desempleo
involucra mejoras en los niveles de salud. En el restante 95%
la población desempleada se hace mucho más vulnerable.
La bibliografía internacional enumera un amplio listado
de factores, síntomas y patologías asociadas con
la desocupación y entre ellas el primer factor es la incidencia
de depresiones y agresiones, seguido por la predisposición
a los accidentes, violencia social y suicidios.
El desempleo juvenil constituye un problema social mayor aunque
los estudios internacionales indican que los más golpeados
psicológicamente por el desempleo son los hombres de mediana
edad, dedicados a su trabajo y con familia. La frecuencia del
desempleo en jóvenes es de dos a tres veces mayor que en
adultos. Un estudio realizado en el norte de Suecia durante cinco
años identificó que en comunidades donde se registran
altas tasas de desempleo aumenta la propensión de los jóvenes
a sufrir problemas psicológicos y físicos al consumo
de drogas y de alcohol. Un 98% de los jóvenes desempleados
crónicos resultaron afectados por estos problemas.
Por otro lado, la tensión no solo afecta la salud mental
del desempleado sino también del que ha preservado su fuente
de trabajo. Los empleados que siguen en sus trabajos tras un proceso
de despido llamaron la atención de un grupo de investigadores
de la Universidad de Boston, en Estados Unidos, quienes -después
de entrevistar a más de seis mil trabajadores expuestos
a esa situación- determinaron que tendían a sufrir
problemas de salud como dolores de cabeza y espalda, presión
alta, ansiedad y estrés, principalmente si percibían
que el proceso de reducción de personal era secreto, poco
transparente y arbitrario. Otra de las interesantes observaciones
realizadas es que existía un vínculo entre el incremento
de los registros médicos y la reducción de personal
de sus compañías. Según los investigadores,
aumentaba el ausentismo laboral debido a estados depresivos consecuencias
del inesperado cambio. En una de las compañías -donde
el desempleo afectó al 10% de sus trabajadores- los exámenes
médicos acusaron que el número de empleados con
presión sanguínea alta se duplicó, pasando
de un 11 % a un 22% después del proceso de despido.
Una de las patologías emergentes asociada al stress del
mundo moderno es el "Burn Out" (quemado) o "Síndrome
de Tomas", que debe su nombre al personaje de la novela "La
insoportable levedad del ser", del checo Kundera, donde el
protagonista es un individuo que había perdido su autoestima,
su actitud evidenciaba desánimo, tedio en la labor diaria
y ausencia de expectativas de mejoría. Se manifiesta a
través de cefaleas, contracturas, insomnio, hipertensión
y aumento de lípidos. Y en sus cuadros más extremos,
puede conducir hasta al suicidio. Este síndrome moderno
es generado tanto por la desocupación como por el exceso
de trabajo y va en constante aumento.
No sólo los sin trabajo sufren las consecuencias de los
cambios de la globalización, sino que también altos
porcentajes de gente con trabajo sufren enfermedades psicosomáticas
causadas por la falta de adaptación a las nuevas reglas
del mercado, en donde la feroz competitividad e inseguridad que
rigen en el ámbito laboral, las exigencias del medio, los
cambios trascendentales en los enfoques de la vida y las costumbres,
condicionan un ritmo vertiginoso que genera angustia, agotamiento
emocional, trastornos en los ritmos de alimentación, actividad
física y descanso, con dolencias físicas, psíquicas
y factores de riesgo que en estos tiempos ponen en jaque a la
salud de miles de individuos.
Tendencias económicas
Las enfermedades mentales generan costos directos e indirectos.
Los primeros corresponden al costo del tratamiento de las patologías
mientras que los segundas son los costos sociales de la discapacidad
que esas patologías generan.
Costos prestacionales
En los países de la Unión Europea (UE) los costos
del estrés en el trabajo son cada vez mayores, calculándose
que entre un 3 y 4% del PIB se gasta en problemas de salud mental.
Estados Unidos gasta, a nivel nacional, entre 30.000 y 44.000
millones de dólares anuales en tratamientos contra la depresión.
En ese país los seguros privados
de salud han reaccionado reduciendo sus coberturas, incrementando
los copagos y coseguros, estableciendo topes más estrictos
a las prestaciones.
En Argentina hay, en la actualidad, alrededor de doce mil pacientes
internados por patologías psiquiátricas. Solamente
en el Pami hay 7.800 pacientes internados en clínicas psiquiátricas
generando un costo anual de $108 millones.
También en nuestro país los costos prestacionales
en salud mental se han incrementado en los últimos años.
Solamente en el PAMI los gastos en psiquiatría se incrementaron
un 12% entre 1997 y 1998 (Cuadro 1).
En lo que respecta a salud mental
el Programa Médico Obligatorio Incluye atención
ambulatoria en cualquiera de sus modalidades hasta un máximo
de 30 sesiones por afiliado/año y un co-seguro de $5 la
visita.
En el Pami se registra una relación de 1.2 % de sus afiliados
realizando una consulta al mes. Para internación psiquiátrica
la tasa es de 0.05 % af/mes
Resulta evidente la previsión de mayores tasas de uso,
mayores porcentajes de afiliados internados y mayor disposición
a la utilización de la alta complejidad.
Costos sociales
Uno de cada 10 trabajadores de los países industrializados
sufre depresión, ansiedad, estrés o cansancio crónico,
lo que ocasiona graves consecuencias económicas y sociales
en el trabajo.
Casi el 7% de las jubilaciones prematuras en Alemania se debe
a los trastornos depresivos y las pérdidas de producción
debidas a la ausencia del trabajo se cifran en unos 5.000 millones
de marcos anuales.
Los empleados que sufren de trastornos mentales tienen que enfrentarse
no sólo con problemas de tipo familiar y de aislamiento
social, sino con la pérdida de ingresos o del empleo. Para
los empleadores, los costos se traducen en baja productividad
y disminución de los beneficios.
En numerosos países, la jubilación prematura debido
a problemas mentales va en aumento y llega a ser el motivo más
común para la asignación de pensiones por incapacidad.
En Argentina, las enfermedades mentales se incrementan entre los
motivos de concesión de pensiones no contributivas. En
la actualidad representan el 4% de dichas pensiones y el 5% del
gasto asistencial en salud de dichos pensionados.
Consumo y gasto en medicamentos sedantes
Los sedantes se encuentran dentro del grupo de medicamentos destinados
al Aparato Nervioso Central que ocupan el segundo puesto en el
ranking de los más vendidos en Argentina (detrás
de los destinados al Aparato Digestivo). Esto significa que cada
año se consumen alrededor de 65.580 envases (un 16,9% del
total) de medicamentos en este grupo terapéutico. Un 18,65%
de lo que facturan los laboratorios se concentra en este grupo.
Sin embargo, los sedantes no son la única clase de medicamentos
dentro de este grupo (están también los analgésicos,
los antiparkinsonianos y antiepilépticos). Considerados
por clase terapéutica los tranquilizantes ocupan el segundo
lugar entre los medicamentos más consumidos (atrás
solo de los analgésicos) y el sexto entro los que más
se gasta.
Los argentinos consumimos alrededor de 17 millones de unidades
de medicamentos tranquilizantes al año, esto significa
un promedio anual de medio envase por habitante. De forma similar
a lo que ocurre en otros países occidentales, el consumo
se tiende a incrementar de forma más acelerada en las mujeres
que en los hombres .
Dentro de la clase de los sedantes el lider es sin duda el Lexotanil
que ocupa el cuarto lugar en ventas en el total de medicamentos
en el país y su precio.
Referencias Bibliografícas
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GABRIEL, Phyllis. La salud mental en el trabajo Organización
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VIEIRA RIZZO, Geraldo Nunes. "Insonia e Transtornos do sonho
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