¿Por qué una gestión orientada
a los servicios de Salud Mental?
En los últimos 50 años Argentina ha experimentado
avances tanto en la atención de la salud como en el aumento
de la expectativa de vida. Sin embargo estos progresos han estado
acompañados de un aumento de la patología social,
psiquiátrica y de la conducta. Paralelamente al aumento
de la esperanza de vida se ha producido un incremento de la depresión,
la demencia y de otras formas de enfermedades mentales crónicas.
Conjuntamente con las transformaciones económicas ha sobrevenido
un aumento en las tasas de abuso de drogas y violencia. La exclusión,
el desempleo, el individualismo, la ruptura de las formas conocidas
de organización social están teniendo consecuencias
epidémicas. En ningún otro campo el encuentro entre
los determinantes colectivos y los determinantes individuales
de las enfermedades es tan crítico y complejo como en el
de la salud mental.
Nuestro sistema de Salud ha enfrentado el desafío sanitario
que tiene incorporando nuevos conocimientos, nuevas técnicas
de gestión y desarrollo institucional. Argentina ha iniciado
un proceso aún incompleto de transformación de las
viejas estructuras manicomiales en nuevos dispositivos de servicios
de salud mental. Han aparecido nuevos actores: empresas privadas
de salud mental, organizaciones no gubernamentales, etc.
Nuestras instituciones de Salud Mental no han tenido la posibilidad
hasta el momento de desarrollar estudios que permitan establecer
cuales son los modelos de gestión más apropiados
para sus organizaciones. Esto ha impedido establecer prioridades
de financiamiento, evaluar la implementación de cambios
organizacionales, establecer enfoques epidemiológicos,
desarrollar incentivos, etc.
Los mayores desafíos se encuentran en los aspectos de organización
y gestión de los servicios.
Magnitud del problema de la Salud Mental
Es notable la creciente preocupación en los diferentes
países por los problemas relacionados con la salud mental.
Según la OMS "... la mayoría de los países
son concientes de que los problemas de salud mental constituyen
una carga creciente que es preciso afrontar" .
Esto solo es posible a partir de una mayor toma de conciencia
respecto a la magnitud del problema y sus consecuencias. A su
magnitud tanto en la extensión del problema, en el deterioro
de la calidad de vida, en los costos implicados y en el impacto
sobre otros servicios sanitarios, como en la discapacidad y la
carga social que generan.
En nuestro país, seis de las "10 áreas prioritarias
para un Plan Nacional de Salud" que proponen Ginés
González García y Federico Tobar en su libro Más
salud por el Mismo Dinero, están directamente relacionadas
con la salud mental (accidentes de tránsito, suicidio,
violencia urbana, drogadicción, enfermedades de transmisión
sexual y salud mental propiamente dicha) .
Población afectada
Según la Organización Mundial de la Salud, el número
de personas aquejadas de enfermedades mentales en el mundo asciende
a varios cientos de millones.
Según la Encuesta Nacional de Salud de España más
del 11% de los adultos confiesan padecer algún tipo de
trastorno psíquico.
En el mismo país y según otros estudios, el 30%
de la población padece de trastornos mentales (morbilidad
percibida y no percibida, según el modelo de Golberg y
Huxley).
En los países de bajos ingresos 1 de cada 10 personas mayores
de 65 años sufre de demencia y según el DSM IV por
encima de los 85 años esta tasa aumenta hasta afectar a
1 de cada 5 personas . Esto cobra mayor dramatismo si tenemos
en cuenta el envejecimiento poblacional y el aumento de la esperanza
de vida.
Autores españoles señalan que entre el 20 y el 34%
de la población general presenta síntomas depresivos
que oscilan entre aquellos que no llegan a cumplir con criterios
para depresión y la Depresión Mayor o los Trastornos
Bipolares. Los trastornos de ansiedad afectan entre el 4,3 y el
8,1% de la población. Entre el 4 y el 5 % de las personas
hacen por los menos un intento de suicidio en la vida y 8,34 personas
cada 100 mil habitantes por año lo consuman.
Según estos autores, en Estados Unidos de Norteamérica
el Trastorno por Abuso de Sustancias afecta al 11,3% de sus habitantes.
El problema de la Salud Mental como carga social
De acuerdo a los estudios realizados por el Banco Mundial la Carga
Global de Morbilidad medida en AVAD (años de vida ajustados
por discapacidad) producida por el conjunto de los problemas de
salud mental incluidas las lesiones autoinflingidas representaba
en 1990 algo más del 8% del total de las discapacidades
del mundo. Esta carga es mayor que la producida por el cáncer
o las enfermedades cardíacas, por ejemplo.
El 34% de todas las discapacidades se deben a problemas relacionados
con el comportamiento como violencia, enfermedades diarreicas,
desnutrición, tuberculosis, enfermedades de transmisión
sexual, accidentes de vehículos de motor y otras lesiones
involuntarias .
Dos de cada cinco casos de incapacidades en países desarrollados
son provocados por una enfermedad o déficit mental.
En Estados Unidos de Norteamérica la carga económica
representada por la depresión es similar a la causada por
las enfermedades cardíacas. El 16% del presupuesto en salud
es consumido por los servicios psiquiátricos. En el año
1990 el costo total de las enfermedades mentales en ese país
(incluido alcoholismo y abuso de drogas) superó los U$s
300.000.000.000. En este mismo país la carga económica
de la Depresión es similar a la causada por las enfermedades
cardíacas.
Impacto fuera de los servicios de Salud Mental
Existen consultas "trade off", es decir consultas que
aparecen como demandas somáticas pero que se deben por
ejemplo a la depresión y que no son diagnosticadas por
los médicos. La proporción estimada de las mismas
supera el 10% del total de consultas en adultos .
Entre el 20 y el 30% del total de las consultas en el nivel primario
de atención que se realizan en el mundo se debe a trastornos
depresivos y de ansiedad .
Los costos ocasionados por los actos delictivos y los accidentes
automovilísticos en los que intervienen usuarios de drogas,
son el doble de los costos médicos directos originados
por sus tratamientos .
El problema de la capacitación del recurso humano
La Salud Mental tiene como singularidad, el constituir un campo
donde convergen distintas disciplinas científicas y se
nutre de una gran heterogeneidad de modelos teóricos que
intentan explicar el sufrimiento psíquico y sus posibilidades
terapéuticas.
Las organizaciones y los profesionales de la salud se han desarrollado
y capacitado en el abordaje del aspecto médico de los problemas
de la salud. Sin embargo los resultados de las acciones de salud
no siempre están determinados por variables exclusivamente
de orden médico (tipo de patología, comorbilidad,
diagnóstico y tratamiento adecuados) . Existen otro tipo
de factores, con capacidad de influir en la efectividad de los
tratamientos, muchas veces incluso en forma decisiva.
Los problemas de salud mental son especialmente sensibles a los
factores de tipo social ("los factores sociales y culturales
influyen poderosamente" en la evolución "y en
las probabilidades de recuperación" ). Esto es así
tanto en su génesis, desencadenamiento, evolución
y pronóstico, formas de abordaje y utilización de
los recursos. Identificar este tipo de factores e intervenir sobre
ellos desde el sector salud es un desafío y a la vez una
poderosa herramienta de gestión.
La capacitación del recurso humano profesional del sector
salud en todo lo atinente a la administración y gestión
de servicios sanitarios se ha convertido en uno de los pilares
para la mejora de la atención médica. Los servicios
de atención de la Salud Mental no han sido ajenos a dichos
cambios y gran parte de sus profesionales realizan un importante
esfuerzo por incorporar estas herramientas a su quehacer. Muchos
de ellos buscan capacitación en cursos y carreras cuyas
currículas no contemplan la salud mental con la extensión
y profundidad que ellos necesitan y esperan. De esta manera sus
esfuerzos por adecuar estas herramientas a las necesidades y particularidades
de la salud mental, no siempre se aproxima a los resultados esperados.
La gran mayoría de los profesionales que trabajan en salud
mental realizan su formación en hospitales psiquiátricos
o servicios de psicopatología de hospitales generales,
careciendo al término de su formación de instrumentos
que le permitan analizar cuantitativa y cualitativamente las necesidades
asistenciales de una población determinada, su evolución
en el tiempo y la eficacia de los recursos sanitarios puestos
en marcha. La conducción de equipos interdisciplinarios,
el análisis costo-efectividad, el control de la calidad
de los servicios que se brindan no forman parte de los aprendizajes
formales que realizan los especialistas en salud mental. Y sin
el conocimiento de estos instrumentos por parte de quienes tienen
algún tipo de responsabilidad en la conducción institucional
no es factible sostener en el tiempo ningún proyecto transformador.
La nueva ley de Salud Mental del Gobierno Autónomo de la
Ciudad de Buenos Aires hace evidente la necesidad de mejorar la
gestión de las organizaciones de esta especialidad a partir
de la profesionalización del recurso humano y los últimos
requerimientos del PAMI del año 2000 para conformar redes
asistenciales de salud mental, exigen la incorporación
de "profesionales idóneos que acrediten antecedentes
en la administración de servicios de salud mental".
En el análisis sobre la atención psiquiátrica
en Argentina publicado en Salud Mental en el Mundo (OPS) se recomienda:
mejorar con urgencia la calidad de la atención y fortalecer
la administración de las instituciones de salud mental.
En nuestro país gran parte de la asistencia en Salud Mental
se brinda en instituciones monovalentes. Esta particularidad no
es común en otras especialidades médicas. Por lo
tanto existe una gran cantidad de instituciones que brindan servicios
de salud mental en diversas formas.
Estas organizaciones requieren profesionales con funciones directivas
y de coordinación que demandan conocimientos de gestión
aplicados a la especialidad y a la especificidad de este tipo
de organizaciones.
Ciertas particularidades de la atención en salud mental
exigen que los conocimientos y herramientas de gestión
propios del resto de las organizaciones de salud deban ser prudentemente
adaptados e incluso plantean la necesidad de generar conocimientos
propios e instrumentos específicos.
Por otro lado es conocido el hecho de que la forma de concebir
y responder a los problemas de la salud mental es muy diferente
en cada cultura e incluso dentro de una misma cultura, en diferentes
grupos poblacionales, lo cual agrega otro desafío al problema
que es el de "importar" conocimientos e instrumentos
ya no de otras organizaciones de salud sino de otras organizaciones
y contextos sociales.
La formación del recurso humano fue condicionada por los
modelos de atención existente, adquiriendo primacía
la atención del enfermo en forma individual por sobre el
análisis y tratamiento de la salud mental como interés
y problema colectivo.
La formulación de políticas y programas destinados
a la atención de la salud mental debe ir acompañada
de la capacitación del recurso humano para que este pueda
garantizar su factibilidad. Los objetivos de una verdadera transformación
no se consiguen sin un programa político que incluya una
gestión adecuada con recursos humanos capacitados integrados
al resto de los múltiples profesionales que intervienen
en la salud mental, con el consenso de los representantes de la
comunidad sanitaria.
Esto plantea la necesidad de desarrollar procesos sistemáticos
de capacitación, ofreciendo información actualizada
y herramientas conceptuales y metodológicas adecuadas para
un análisis crítico de la realidad, y el diseño
de instrumentos que permitan construir modelos de atención
y de gestión apropiados a las transformaciones que las
organizaciones de salud mental requieren.
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