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| Definiendo
la Misión del hospital |
Federico
Tobar
¿Qué es la misión?
Tradicionalmente la misión ha sido
definida como la razón de existir de la empresa . También
se la define como el objetivo principal, más permanente y
más ambicioso de la empresa. Podemos agregar a estas precisiones
una definición nuestra: La misión es la contribución
de la institución a la sociedad. Se trata de aquello por
lo cual hace falta que la institución exista. No se puede
definir prioridades sin ella. Es a través de ella que definimos
la eficacia porque la misión es el Deber Ser de toda institución.
Sin misión no hay organización. Si un grupo de personas
no consigue definir la dirección hacia la que pretenden avanzar
no conseguirán sincronizar sus esfuerzos. En su celebre Libro
"La misión de la empresa", Karl Albrecht. define
metafóricamente la misión como "el tren al norte"
al cual se suben todos los agentes de la organización.
La misión es el pilar de la estrategia. La organización
es lo único que vence al tiempo y la verdadera organización
solo comienza por la misión. En ocasiones los miembros de
una organización no consiguen definir su misión en
términos de algo superior a ellos, no pueden plantear más
que su interés particular en lugar de un aporte a la sociedad.
Entonces la misión queda vacía de contenido, no expresará
jerarquías ni prioridades, nunca se enunciará o si
se lo hace será letra muerta. Probablemente ninguno de los
miembros de la organización la recuerde. En ese caso la organización
(si es que se la puede llamar así) se resistirá a
la planificación estratégica. Todos los ejercicios
resultarán estériles y el futuro siempre desbordará
a la organización.
La definición de la misión es la más poderosa
herramienta de gestión que una organización puede
tener. Primero se define la misión y solo después
se puede planificar. No se puede tener un menú o catálogo
de productos y servicios antes que una razón de ser. Tal
vez el mayor desafío que enfrentan las organizaciones en
estos tiempos de reconversión donde los entornos cambian
de forma permanente y exigen la rápida adaptación
de las organizaciones a dichos cambios, consista en olvidar la misión
y limitarla a simples catálogos de productos.
La misión es lo absoluto dentro de la organización.
En ella sedimentan los valores de sus agentes y es por ello que
constituye los pilares sobre los cuales se construye la organización,
las bases del hacer. En otros términos la misión expresa
en qué creemos y luego de allí surgirá el cómo
hacer.
Se llaman ventajas relativas o comparativas de la organización
a aquella que expresan su posición en el mercado y la mayor
o menor facilidad para convertir insumos en productos, esto es su
eficiencia. Pero la ventaja absoluta de una organización
radica únicamente en su misión, esto es en su capacidad
para hacer lo que debe hacer. Otro de los referentes del pensamiento
organizativo que más se ha preocupado con el análisis
del significado de la misión es Peter Drucker, quien advertía:"No
hay nada menos productivo que hacer eficientemente lo que no debe
ser hecho…Usted puede adquirir insumos, tecnología,
infraestructura y hasta excelentes ejecutivos en el mercado pero
no puede comprar una misión".
Cuando se redefine la misión se está cambiando de
negocio. Redefinir la misión es la forma más profunda
de alterar la esencia de la organización. Por eso es lo más
difícil de lograr de forma efectiva. En términos estrictos
la reconversión consiste en redefinir la misión de
la organización, puesto que se denomina conversión
a la capacidad de toda empresa de transformar insumos en objetivos.
¿Qué hay que tener en cuenta para definir la misión
del hospital?
Los hospitales tienden a descuidar la reflexión sobre su
deber ser. Por su característica de brindar servicios para
resolver necesidades que la mayoría de las veces son vitales
o urgentes, en los hospitales el impulso por hacer deja poco espacio
para la reflexión sobre qué se debe hacer. El hospital
con frecuencia se parece a un agregado de servicios y de recursos
que, por razones legítimas, se fueron sumando a lo largo
de la historia pero sin basarse en una verdadera reflexión
o cuestionamientos sobre si los mismos son o no adecuados u oportunos.
La mayoría de los hospitales fueron fundados con un propósito
concreto que reflejaba las ambiciones y preocupaciones de sus fundadores.
Pero con el paso del tiempo, estos propósitos generales pueden
haberse olvidado o distorsionado por los empleados más antiguos
o los miembros del consejo. Los cambios en las nuevas demandas y
los avances de la medicina pueden haber generado nuevas preocupaciones,
nuevos programas que se han superpuesto a la misión original
del hospital . Como resultado es frecuente comprobar que nadie,
dentro de la organización, tiene una idea clara del porqué
de su existencia y de qué debe conseguir. Es frecuente que
no haya un sentido de misión tangible que oriente las acciones
del hospital.
En América Latina gran parte de los mayores establecimientos
hospitalarios públicos surgen como respuesta a brotes epidémicos.
Así, en el Cono Sur muchos establecimientos fueron consolidados
en la lucha contra la Tuberculosis. En muchos caso ni siquiera se
trataba originalmente de hospitales sino de colonias aisladas geográficamente
para evitar el contagio y la propagación de la enfermedad.
Una vez erradicada, o al menos controlada, esa endemia los hospitales
tendieron a crecer puesto que se registraba una demanda sostenida
de la población por servicios. Sin embargo lo hacían
de forma desordenada, sin un rumbo fijo. Esta falta de orientación
se refleja con frecuencia en las arquitectura de los establecimientos.
Como las expansiones y reformas siempre siguen criterios y prioridades
diferentes los edificios suelen terminar pareciendo injertos deformes
donde no se termina de imponer ningún estilo ni criterio
constructivo.
Las dos mayores amenazas en la definición de la misión
del hospital son por un lado el inmovilismo y por el otro, las disputas
internas sostenidas . El inmovilismo es un mal propio de las burocracias
y afecta particularmente a la administración pública.
Se trata de una inercia administrativa que obstaculiza todo intento
de cambio. Se siguen los procesos de forma ritual hasta tal punto
que se convierte en un culto a la resistencia al cambio. La amenaza
del inmovilismo resulta mayor cuanto más estable es el entorno
de la organización. En realidad, hoy sería difícil
encontrar un hospital en un entorno estable, ya sea debido a cambios
en la demanda, la tecnología médica ó los procesos
de redefinición de los modelos de financiación en
servicios de salud.
La segunda amenaza consiste en que la organización redefina
su rumbo pero no como resultado de una reflexión integral
consensuada sino por iniciativa de un grupo de interés interno.
Con frecuencia se trata de un servicio de determinada especialidad
que asume protagonismo al impulsar un cambio transformando su crecimiento
en prioritario. El problema consiste en que otros servicios también
reacciona y así la institución se convierte en un
arena de disputas que da lugar a un proceso de escalada simétrica
en el cual nunca hay prioridades claras ni estables.
Los hospitales corren el riesgo de definir su misión de forma
autocrática. Las organizaciones que requieren de altas inversiones
en capital humano, o siguiendo la moda, que "gestionan conocimiento",
se debaten entre dos extremos. Por un lado, se registra una propensión
a orientarse excesivamente hacia los resultados, por el otro hacia
las personas que las integran (agentes). El primer polo marca un
modelo de gestión autocrática, que somete a los agentes
y los sacrifica en pro de alcanzar sus objetivos. El segundo involucra
la tentación de transformar la organización en un
club social en el cual los miembros y su satisfacción resultan
más importantes que los objetivos empresariales.
Por su carácter de burocracias profesionales los hospitales
tendieron más hacia el modelo autocrático. La especificidad
del conocimiento médico constituye un obstáculo para
el desarrollo de modelos de gestión participativos. Durante
muchos años los buenos directores de hospitales eran médicos
que no acostumbraban a consultar mucho ni a dar demasiada participación
de sus decisiones. El liderazgo se basaba más en el conocimiento
respecto a los requisitos del adecuado funcionamiento de unos cuantos
servicios, que en el carisma.
Sin embargo, durante los últimos años hemos aprendido
que para alcanzar la calidad en los servicios de salud es necesario
superar las fases del control y la garantía para llegar a
esquemas de calidad total. Esto exige la participación de
los agentes del hospital, requiere escuchar más de una campana,
integrar comités interdepartamentales que atraviesen a toda
la organización.
Resulta más fácil y operativo que la misión
del hospital sea analizada y formulada por desde la cúpula
de la organización y luego transmitida hacia los niveles
inferiores. Pero, en un ambiente con tendencias autocráticas
resulta muy difícil que los directivos consigan formular
una misión capaz de motivar y sincronizar conductas. Es decir,
cuando el liderazgo no es muy fuerte resulta necesario abrir la
discusión y en las organizaciones profesionales esto es más
importante que en las demás. A ningún jefe de servicios
médicos permanece callado de forma disciplinada si alguien
llega de afuera a evaluarlo. Entonces es mejor escuchar sus opiniones.
Pedirles a ellos que identifiquen las fortalezas y debilidades de
cada unidad organizativa y a partir de allí componer el cuadro
total de la organización.
En los últimos años estamos aprendiendo a concebir
a la organización orientada al cliente. Pero es muy importante
percibir que en el hospital además del usuario o pacientes
hay clientes internos muy calificados que son los principales responsables
por la calidad técnica y la calidez del servicio final brindado
al cliente externo. El desafío consiste en que el superar
la tentación autocrática y desplegar un modelo de
gestión participativo que otorgue un lugar más protagónico
a los profesionales de la salud que integran el hospital es como
arrojar una bola de nieve desde la cima de la montaña. Los
directivos pueden sentir que pierden el control y no saben en qué
puede terminar el proceso.
En los hospitales hay determinantes técnicos de la misión.
En 1946 la Organización Mundial de la Saluda adoptó
la siguiente definición:"El hospital es parte integrante
de una organización médica y social cuya misión
consiste en proporcionar a la población asistencia médico
sanitaria completa, tanto curativa como preventiva, cuyos servicios
llegan hasta el ámbito familiar. El hospital es también
un centro de formación de personal sanitario y de investigación
biosocial". Tal definición registró una fuerte
influencia sobre las declaraciones de misiones de los hospitales,
en particular de los públicos. Entre inicios de la década
del 60 y finales de la del 80 muchos países de la región
incorporaron leyes que reglamentan la actividad hospitalaria y clasifican
a los establecimientos según criterios técnicos.
En la década de los ochenta comienza a profundizarse la tendencias
hacia la descentralización de los servicios en un sentido
que le confiere mayor autonomía al hospital. De forma conjunta,
los modelos de financiamiento son redefinidos y los hospitales públicos
comienzan a compartir desafíos similares a los privados.
Sin embargo, en ese contexto y luego de una larga tradición
de definiciones centralizadas de las misiones de los establecimientos
esto no resultó fácil.
Las clasificaciones técnicas distinguen a los hospitales
según:
a) Función: en generales y de especialidades;
b) Tipo de pacientes: en agudos (o de corta permanencia) y crónicos
(o de larga y media permanencia)
c) Ámbito geográfico de influencia: en locales, distritales
(del área programática) y regionales.
d) Nivel asistencial: según las características del
edificio, las instalaciones, el número de personal empleado,
la organización y el funcionamiento técnico se establecen
diferentes niveles de complejidad.
e) Dependencia patrimonial: o propiedad, distinguiendo los públicos
de los privados.
De acuerdo a esta taxonomía, en lo hospitales se tiende a
restringir su definición de misión a fijar en cual
de las categorías de cada una de estas cinco variables operan.
Entonces las definiciones suelen seguir el tipo de: "Brindar
servicios generales a los pacientes agudos de la localidad X".
Ó con más frecuencia: "Brindar servicios médicos
a nivel de internación, formar profesionales e investigar".
Como ha sido señalado, la limitación de este tipo
de definiciones consiste en que no permiten deducir prioridades.

Cómo definir la misión
Una revisión de los autores que han abordado el problema
de cómo enunciar la misión permite extraer un listado
de sugerencias:
1.Buscar definiciones cortas. Drucker
enfatiza que no deben emplearse más de ocho palabras. Cuando
el enunciado es extenso termina no definiendo prioridades. Un
claro ejemplo suelen ser los documentos antiguos que establecen
las misiones de los organismos públicos. Se trata de páginas
enteras en las que se llega al detalle de cada función
e incluso cada actividad. En síntesis, en esos casos se
trata a la misión como un requisito burocrático
de la administración, no como una herramienta estratégica
de gestión. Albrecht es un poco más permisivo que
Drucker pero afirma que la prueba de si la misión es o
no demasiado extensa es verificar si cabe en el dorso de una tarjeta
de presentación. El autor sugiere que si el enunciado pasa
esta y otras pruebas vale la pena hacerlo imprimir en todas las
tarjetas de los agentes de la empresa.
2. Separar el pensamiento de la elección
de las palabras. No vale la pena perder tiempo en encontrar las
palabras más adecuadas, es preferible concentrarse en definir
la idea básica, cual es el rumbo a ser seguido por la organización
en su conjunto. Albrecht afirma que la causa más común
de las disputas frustrantes en las que caen los ejecutivos es
que confunden pensamiento con periodismo. Según este autor,
una vez alcanzado el consenso sobre el concepto nuclear de la
compañía, redactarlo se vuelve un proceso mucho
más fácil.
3. Del enunciado se debe poder inferir
quién es el cliente. La definición del cliente se
hace en función de una premisa de necesidad básica
y definitoria que lleva a esa persona (o entidad) a considerar
la posibilidad de vincularse o hacer negocios con nuestra empresa.
No es necesario definir un nicho de mercado o proveer estadísticas
sobre la población objetivo sino de aclarar qué
es lo que se les ofrece o mejor aún, para qué lo
hacemos, cómo pensamos contribuir con ellos.
4. Identificar premisas de valor. Las
premisas de valor se definen, no en los términos de lo
que nuestra organización fabrica, vende o entrega, sino
en función del valor fundamental que representa como satisfacción
de la premisa de necesidad del cliente. Este es, tal vez, el aspecto
en el cual la misión se asemeja más al slogan (que
en su etimología significa "grito de guerra").
Por ejemplo, un ejecutivo de Harley Davison sintetizaba la misión
de su empresa "proveemos a nuestros clientes de una filosofía
de vida que es a la vez clásica, joven y rebelde"
luego ironizaba "su precio es U$S 25.000, pero para amortizar
su inversión le regalamos una moto".
Otro ejemplo, algunas de las mayores empresas internacionales
de consultoría centran su estrategia en la innovación,
su premisa de valor es "le estamos proveyendo la última
palabra en lo que usted nos consulta". En el camino contrario,
muchas universidades tienden a buscar su premisa de valor no en
la innovación -que es un concepto que conlleva su inmediata
caducidad- sino en valores perennes como por ejemplo:
a) Trato humanizado, los directivos de un importante hospital
de Colombia proclaman que tienen un "hospital con alma".
b) Formación integral, en la Universidad Católica
Argentina no se vacila en repetir "formamos señores
antes que doctores".
b) Permanencia dentro de la sociedad, "estaremos aquí
haciendo lo mismo durante los próximos quinientos años"
afirmaban los monjes que fundaron Hardvard University, apoyándose
en esta premisa no solicitaban donaciones de efectivo sino ser
incluidos dentro de la nómina de herederos de sus donantes.
c) Pertenencia. Las declaraciones más efectivas logran
expresar a qué pertenece alguien que ingresa a la institución.
Las entidades religiosas tienen mayor inclinación a asumirse
como parte de una organización superior. Por ejemplo la
misión de la Sisters of Mercy Health Corporation de Detroit
ha sido planteada como "Perpetuar el ministerio de Cristo
fomentando los valores del evangelio, que nos llaman a reverenciar
la vida, el amor, la justicia, la compasión y el servicio
al prójimo, en especial el más necesitado; promover
servicios que capaciten a las personas para alcanzar la plenitud".
Algunas entidades académicas centran su premisa de valor
en su capacidad para incorporar a sus alumnos en una determinada
comunidad -generalmente una elite- "Algunos presidentes y
varios ministros nacionales figuran entre nuestros ex alumnos"
es la premisa de escuelas de gobierno como la ENA - Ecole Nationale
de Administration- de Francia o la EBAP -Escola Brasileira de
Administração Pública- de la Fundação
Getúlio Vargas del Brasil.
d) Calidad. El compromiso con la calidad es
muy frecuentemente enunciado en las misiones de hospitales. Por
ejemplo, la Hospital Corporation Of America de Nashville define
su misión como "Brindar asistencia médica de
alta calidad a un precio razonable mediante un sistema de libre
empresa".
e) Tradición. Uno de los mayores y más prestigiosos
hospitales del mundo, el Mount Sinai Medical Center de Nueva York,
con 1.212 camas, proclama su misión en función de
una tradición ancestral "Mantener el compromiso de
la tradición judía con el progreso del arte y la
ciencia de la medicina mediante la excelencia clínica".
f) Modelo de atención. La razón de ser de una organización
de salud puede radicar en las particularidades de su modelo de
atención. Por ejemplo, la Swedishamerican Corporation,
de Rockford (Illinois), un hospital de 386 camas, establece su
misión como "Ser un agente de cambio en el diseño
de formas de atender las necesidades y demandas del público
en asistencia médica de calidad a un precio razonable".
5. Cuando hay dificultades para comenzar
por la misión puede ser útil intentar comenzar por
identificar la visión. En ambos casos se trata de definir
al Ser de la organización. Dentro de él misión
y visión son elementos complementarios, una puede llevarnos
a la otra. La premisa es obtener un punto de apoyo para comenzar
a pensar. La visión explora oportunidades, por ello es
menos permanente. Puede ser enunciada como un aviso publicitario
que busca el impacto inmediato sobre el lector. En algunos casos
es más fácil contestar a preguntas del tipo: ¿Cómo
queremos que nos vean? ¿qué aspiramos llegar a ser?
ó ¿qué imagen nos impulsa? ¿a quién
nos queremos parecer?.
Ejemplos de visiones de hospitales son:
¨ "Investigación y docencia con atención
personalizada y compasión al enfermo" (Mount Sinai
Medical Center)
¨ "Alcanzar el liderazgo internacional en el campo de
la asistencia médica" (Hospital Corporation Of America).
¨ "Desplazar los recursos de la comunidad de las intervenciones
médicas intensivas que caracterizan la práctica
moderna de la medicina hacia prácticas alternativas menos
caras que fomenten la buena salud y el bienestar o reduzcan las
internaciones costosas" (Swedishamerican Corporation).
¨ "Ser el centro de referencia para problemas osteopáticos
en el mercado sanitario de todo Missouri, Kansas,Arkansas, y Oklahoma"
(Oak Hill Hospital).
¨ "Cooperar con los apoyos que se puedan lograr en la
comunidad para mejorar la salud en el este de la ciudad, en especial
de los más pobres y a través de la educación
y concientización"(Samaritan Health Center de Detroit).
¨ "Consolidar un H.General autónomo capaz de absorber
la gran mayoría de las prestaciones en las cuatro especialidades
básicas" (Hospital do Portão, Curitiba).
6. Avanzar hacia atrás. El truco
para comenzar a avanzar por este camino deductivo hacia la misión
es comenzar por la meta, por definir cómo queremos que
sea la organización en el futuro. Es la estrategia del
cangrejo, la misma técnica para la resolución de
problemas que se utiliza para resolver juegos complicados como
el cubo mágico o el senku. Consiste en retroceder desde
la situación ideal o imagen objetivo hasta la situación
actual o problemática.
Un ejemplo puede ayudar a percibir mejor la idea. Los dueños
de una cadena de restaurantes de cocina tradicional comenzaron
la planificación estratégica a partir de definir
una imagen clara: la del ambiente hogareño. A partir de
allí consiguieron responder a las preguntas correspondientes
a la visión:
• ¿Cómo queremos que nos vean? Cómo
la continuación de las casas paternas de los clientes.
• ¿Qué aspiramos llegar a ser? el restaurante
más acogedor y familiar.
• ¿Qué imagen nos impulsa? Un ambiente y cocina
hogareña
• ¿A quién nos queremos parecer? A nuestra
abuelas.
De allí resultó fácil
avanzar hacia la Misión:
• ¿Qué soy? Un restaurante y al mismo tiempo
una prolongación del hogar
• ¿Qué hago? Comida típica y lo más
"casera" posible.
• ¿Quien más puede hacer lo que yo hago? Las
abuelas de nuestros clientes.
• ¿Hacia donde vamos? A convertirnos en el lugar más
amistoso para nuestros clientes.
• ¿Cómo sabemos si lo que estamos haciendo
lo estamos haciendo bien? El mejor indicador es que la mayoría
de las mesas estén pobladas de grupos familiares.
• ¿Quienes son nuestros clientes? Gente del interior
en la ciudad, personas de origen rural o que mantengan sus raíces
regionales.
• ¿Cuales son nuestros productos o servicios finales?
¿qué ofrecemos? Todo y Solo lo que se puede comer
en la casa de una abuela en el campo.
Finalmente la misión fue enunciada: "Queremos ser
el lugar más amistoso que usted pueda encontrar para llevar
a su familia a saborear cocina hogareña, servida con cuidado
y orgullo en un escenario campesino, a precios razonables".
7. Buscar que el enunciado resulte claro
para los clientes y para los agentes de la organización.
El mayor desafío de la gestión es lograr sincronizar
las actividades de los agentes con la misión de la organización.
La única forma de lograr esto es involucrando a las personas
con la misión, logrando su adhesión a su premisa
de valor; a no ser que se trate de una organización vigilante,
muy vertical, centrada en el control y la auditoría. Cuanto
más clara resulte la misión para los agentes de
la organización más fácil resultará
establecer prioridades y coordinar esfuerzos. La mayoría
de los denominados "problemas de comunicación"
dentro de una organización surgen por desentendidos sobre
lo que la institución es y debe hacer.
Russel Ackoff destaca la importancia de enunciar la misión
de forma que esta otorgue sentido a todo lo que se hace dentro
de la organización: "Una misión puede movilizar
a una organización hacia una acción concertada,
puedeser a la planificación lo que el santo Grial para
las Cruzadas: la imagen de algo muy deseado acompañada
de un compromiso para lograrlo"
.
8. No pretenda definir la misión enseguida. Como
observó Peter Drucker "nada parece más simple
o más obvio…(y sin embargo) ¿A qué nos
dedicamos? Es casi siempre una pregunta difícil, y la respuesta
correcta casi nunca es obvia" . A veces, los directivos de
la organización son vencidos por la tentación de
obtener una respuesta fácil. Buscan una definición
que englobe todo lo que se hace hoy dentro de la organización.
El error es que no están consiguiendo sedimentar prioridades
de gestión dentro de la misión definida. Se puede
evitar esta tentación reemplazando la pregunta en tiempo
presente ¿A qué nos dedicamos? Por el condicional
¿A qué deberíamos dedicarnos? Y mejor aún
sometiendo la misión a las disyuntivas del futuro ¿A
que nos dedicaremos a la vista de los cambios que suceden?.
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